Prevención de la tortura Guía operacional para las Instituciones Nacionales de Derechos Humanos
Desmantelamiento de los intentos de justificar la tortura
La prohibición absoluta de la tortura a veces es cuestionada por ciertas personas basándose en la
seguridad o la lucha contra el terrorismo, a menudo utilizando un hipotético escenario de ataques
inminentes con “bombas de tiempo”. En un escenario de ese tipo la policía captura a un terrorista
de quien sospecha que ha colocado una bomba que está a punto de explotar en medio de una gran
ciudad. La policía cree que solo con la tortura podrá hacer que el sospechoso revele la información
necesaria para evitar las muertes de miles de personas. La pregunta que se plantea es “¿puede ser
torturada esa persona?”
Con esta hipotética situación se intenta manipular las reacciones emocionales del interlocutor y se
presume lo siguiente:
• Existe una amenaza conocida
• El ataque es inminente
• El ataque matará a un gran número de personas
• El detenido es el autor del ataque
• La persona posee información con la que se evitará el ataque
• Sólo torturando a la persona se conseguirá la información a tiempo para evitar el ataque.
No obstante, en las situaciones de la vida real, nunca se da alguna o varias de las anteriores
suposiciones. Respecto al último apartado, por ejemplo, el escenario supone que el sospechoso
ofrecerá valiosa información al someterlo a tortura. En realidad, no es posible, por la propia naturaleza
de la tortura, confiar en ella para obtener información fidedigna. Los interrogadores profesionales han
hecho hincapié, en repetidas ocasiones, en que los interrogatorios son mucho más efectivos sin el uso
de la tortura.
Los supuestos en que descansa el argumento de la “bomba de relojería” también pueden, por
extensión, utilizarse para probar y justificar la tortura en un amplio abanico de situaciones. Por ejemplo,
podríamos preguntarnos si nuestra reacción ante el escenario de la “bomba de relojería” sería distinta
en caso de que no estuviéramos seguros de que el sospechoso estuviera realmente implicado en el
complot para hacer estallar la bomba, o de que estuviera conectado con el terrorismo, o de que tuviera
algún tipo de información fidedigna acerca de la amenaza; o si aún quedaran varios días o una semana
para que se materializara la amenaza; o existieran dudas de que la amenaza fuera incluso real.
El escenario también contiene algunas hipótesis ocultas que habría que desmantelar.
• El motivo del torturador es conseguir la información necesaria, con la intención legítima de salvar
vidas.
Aun así, en caso de que el torturador realmente comenzara a actuar con el motivo legítimo de
obtener información, la tortura corrompe a su perpetrador. Se trata de una parte inherente al
acto de torturar. Además, el supuesto de que la tortura tiene puramente como objetivo recoger
información es demasiado simplista. En las situaciones de la vida real pueden dominar otras
motivaciones o emociones, como la ira, el castigo y el ejercicio de poder.
• Se trata de una situación aislada, que no se repite normalmente.
Sin embargo, es parte de la naturaleza de la tortura que cualquier autorización de actos parecidos
invariablemente conduce a una pendiente resbaladiza, que hace que se generalice el uso de la
tortura en el seno de la institución.17
17
Defusing the Ticking Bomb Scenario: Why we must say NO to torture, always; Asociación para la Prevención de la Tortura; 2007;
págs. 13 a 16.
14 | Capítulo 1: ¿Qué es la tortura?